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martes, 14 de enero de 2014

"Esa es la chica que Finnick ama" (Fanfic de Los Juegos del Hambre)

¡Hola, hola, hola! (me acordé de Effie diciendo "Welcome, welcome welcome!"). Recuerdo que una vez publiqué una cosa que escribí, y les dije que tal vez se repita y este es el momento. Yo soy tributo, y esto es una pequeña fanfic que escribí. LES AVISO DESDE AHORA, PORQUE EL QUE AVISA NO TRAICIONA, QUE TIENE SPOILERS DE "EN LLAMAS" Y "SINSAJO". SPOILERS DESGARRADORES(? PERO BUENO. NO SÉ, ESO LO TENÍAN QUE SABER.
Espero que les guste :D
SI USAN TODO, O PARTE, DEL TEXTO, DENME CRÉDITOS PORQUE ME COSTÓ ARMARLO. USAN ESTE LINK, O EL DE CUALQUIERA DE MIS REDES (ESPECIFICADAS EN EL BLOG), O ME MENCIONAN EN TWITTER (@iGottaFlyAway)
*P/D: Todos, exactamente TODOS los personajes, a excepción de uno solo (James), fueron creados por Suzzane Collins. La historia está relacionada, y se basa en algunos hechos del libro y/o película. La mayoría del contenido salió de mi imaginación*





Otro año, otra cosecha, otros veinticuatro tributos, otras veintitrés muertes inútiles y evitables.

Me arreglé para la ocasión. Me puse el vestido, dejé mi cabello suelto y marché hacia el edificio de justicia.
Al llegar, nervios era todo lo que podía sentir. No había lugar para sentir otra cosa.
Escuché fuerte y claro el nombre pronunciado. Como si lo hubiesen dicho al lado mío.
–Annie Cresta.
Me dirigí hacia el escenario y ya no escuché mas nada, no vi más nada hasta que vi a mi familia por última vez antes de partir a una muerte casi segura.
En el tren conocí a Mags, quien iba a ser mi mentora, Finnick, quien iba a ser el mentor de mi compañero y James, mi compañero. Empezamos a hablar de estrategias en ese instante. Era incómodo escucharlos hablar cómodamente, mientras yo me consideraba muerta.
Prestaba atención mientras decían que era complicado, que debíamos aferrarnos a lo que sabíamos utilizar y potenciarlo, y, además, aprender a manejar muy bien lo desconocido.

Una vez en el Capitolio, entre debates de cómo sería la arena y entrenamientos, logré hacer amistad con mi entorno. Mientras estábamos en nuestro piso, entre comidas tratábamos de mencionar cosas de nuestro distrito, y así tenerlo siempre en la memoria.
La peor noche fue la primera. Una vez que llegamos, no podía parar de llorar, creí que era imposible que tantas lágrimas salgan de una sola persona. Extrañaba a mis amigos, a mi familia, mi entorno, mi todo. El piso era lindo, pero no se comparaba con mi casa, mi habitación, mi familia. Esa primera noche, luego de la cena, fui a la habitación a tratar de dormir. Fue inútil. No dejaba de pensar en mi gente, en los que estaban en mi distrito. Las lágrimas no tardaron en salir. Creí estar sola hasta que escuché su voz.

–¿Problemas para dormir?
Me di vuelta rápidamente y encontré a Finnick observándome desde la puerta.
–Tranquila, es normal extrañar tu casa. –dijo adentrándose a la habitación.
Se dirigió hacia la cama, observándome. Me senté mientras me secaba las lágrimas y le dejé el espacio para que se siente.
–Ya se va a pasar.
–Es fácil decirlo cuando sabés que vas a regresar con tu gente. Yo sé que no los voy a volver a ver.
–Pasé por tu situación, sé lo que se siente. Tenés que confiar en vos misma, y así vas a pasar.
–¿Y si nadie me patrocina? Vos tenías la belleza y carisma para que la gente te dé las cosas, yo no poseo nada de eso.
–Tenés lo necesario para que te patrocinen, menos una cosa.
–¿Qué es?
–La confianza en vos misma. Cuando consigas eso, vas a conseguir todos los patrocinadores que quieras y necesites.
Lo miré fijo. Era más bello bajo la poca luz que iluminaba la habitación. Sus ojos verdes eran más oscuros que lo normal.
–No puedo hacerlo. No soy buena con las armas.
–No olvides tu casa, el Distrito 4, la pesca es lo nuestro. Tal vez encuentres un tridente, o consigas uno...
–Regalos así aparecen una sola vez... y vos fuiste el de la suerte...
–Lo que pasa una vez, puede pasar dos.
–Siempre que la otra persona no sea yo...
–Tenés que tenerte fe –hizo una breve pausa–... ahora, a dormir. Mañana nos espera un día de entrenamiento intensivo.
Luego de hablar con Finnick me sentía mejor. No importaba si realmente confiaba en mí, o si eso era mentira, sólo importaba que alguien confiaba en mí. Cerré los ojos y pensé en el ruido y movimiento del mar, pensaba en mi casa, y concilié el sueño.
Al otro día, en el campo de entrenamiento, iniciamos con los tridentes. Luego intentamos dominar los cuchillos y demás. No fue muy complicado, pero costaba un poco más que el tridente.
Todos los días fueron parecidos. Con James, luego de tanto tiempo de convivir, nos habíamos hecho muy amigos.
Por las tardes, James era mi mejor compañía, hablábamos de cualquier cosa. Se había vuelto mi amigo, lamenté demasiado no haberlo conocido antes. Ahora, los días estaban contados, uno de los dos, o ambos moriríamos. Por las noches, cuando no podía dormir o dejar de llorar, quien me acompañaba era Finnick, No sé por qué, pero encontraba en él la comodidad que necesitaba para estar bien.
Créase o no, en esos días conseguí la confianza necesaria.
Los días eran monótonos. Desayuno, entrenamiento, almuerzo, más entrenamiento, y cena.

La mayoría de los recuerdos que poseo de ese momento son demasiado borrosos. Sé que aprobé la evaluación final, y de un momento a otro estaba en la Cornucopia.

Iniciaron los septuagésimos Juegos del Hambre, estaba casi sola. Mi única alianza era James.
Recorrimos la arena juntos, pero no duró mucho. Al cabo de unos pocos días, fui testigo de cómo uno de los tributos lo decapitaba.
Estábamos caminando cuando escuchamos el correr del agua, fuimos a investigar y James me pidió que me escondiera mientras él se fijaba de dónde provenía. Quise acompañarlo, pero siguió insistiendo en que me quedara. Cuando salió del escondite, al cabo de un rato, un tributo salió de los arbustos y empezaron a pelear. La batalla duró poco. Casi al instante, el tributo agarro su espada, lo decapitó y salió corriendo. Salí de mi escondite y me abalancé sobre su frío cuerpo.
-¡Por favor! ¡Por favor! ¡James, no me dejes ahora! ¡Por favor! -comencé a gritarle- ¡James! No sé qué hacer acá, por favor James.
Todo grito fue inútil. Él ya estaba muerto al momento en el que me abalancé sobre él.
Cañonazo, el más doloroso.
El resto de los juegos es un borrón en mi mente. Sólo recuerdo esconderme y escapar. No escuché muchos cañonazos luego del que se llevó a James.
Una noche, un temblor me despertó, y casi automáticamente la arena empezó a inundarse. Hice lo que mejor me salía, nadar. Escuchaba cañonazos a medida que el agua subía, pero yo seguía nadando. Fui la única sobreviviente y ese fue el fin de los septuagésimos Juegos del Hambre.
Recuerdo que en la entrevista, lo primero que hice fue dedicar mi triunfo a James.
Cuando volví a mi distrito, la gente decía que estaba loca, sólo porque en vez de estar feliz, lloraba, pero no importaba.
Fui a vivir a la Aldea de los Vencedores, no era como mi hogar, pero no era nada a lo que uno no se pueda acostumbrar. Las primeras noches amanecía gritando, las pesadillas eran incontrolables. Luego de unas semanas, hice lo único que creí necesario, fui a hablar con Finnick.

–Te escuchaba –respondió–. Sólo que no tenía ningún modo de ayudarte.
–¿También tuviste pesadillas al volver de la arena?
–No, pero no viví algo tan feo como lo que te tocó ver.
–¿Te puedo contar un secreto?
–Sí, lo que quieras.
–Mientras estábamos en el centro de entrenamiento, y no podía dormir, vos venías a hablarme... ¿te acordás? –asintió– .Eso me hacía sentir bien, tranquila.
No sé por qué se lo dije, sólo me salió decirlo.
–Si no te molesta, podríamos repetirlo hasta que recuperes la fuerza para mantenerte en calma. Sólo si no te molesta.
–No me molesta.
–Entonces, ¿paso por tu casa y me quedo hasta que te duermas?
–Sí, si querés. Pero si se hace tarde, podés quedarte, no me molesta.
Esa noche, por primera vez, Finnick vino a mi casa, y coincidió con mi primera noche tranquila luego de los juegos. Por la mañana noté que se había ido y decidí ir a agradecerle por lo que hizo.

Luego de ese momento nos hicimos muy cercanos. En parte fue mi forma de agradecerle lo que estaba haciendo por mí.

Al año de mi llegada a la Aldea, hice una cena para Mags y Finnick. Una parte fue para agradecerles todo lo que habían hecho por mí, tanto mientras estaba en los juegos como cuando llegué acá, y la otra fue en nombre de James. Ese año fue el primero que lo hicimos y lo repetimos por algunos años.

Ese primer año lo recuerdo muy bien. Luego de la cena, Finnick se quedó y me ayudó a limpiar y ordenar.

–Gracias por la cena. –repitió.
–De nada. Se los debía.
–Me gusta como te queda ese vestido. Te ves más hermosa de lo habitual.
El calor subió hasta mis mejillas. ¿Finnick había dicho que era hermosa? Eso era raro. Él nunca me lo había dicho.
–¿En serio crees que soy hermosa?
–La mujer más hermosa que pude haber conocido.
–¿Y todas esas mujeres que conoces en el capitolio? ¿Qué hay con ellas?
–Es una larga historia. Pero ninguna de ellas se compara con vos.
–Gracias.
–De nada –se acercó a mí–. Cambiando el tema, ¿las pesadillas y malos recuerdos disminuyeron?
–Desde que empezamos a hacerlo, sólo tengo malos sueños cuando te vas al Capitolio.
Se acercó a mí y me abrazó fuerte, pero delicadamente.
–Te amo, Annie. –susurró cerca de mi oreja.
¿Era eso cierto? ¿Era ese Finnick diciendo que me ama? Seguro mi mente me jugaba una mala pasada. O seguro era de forma amistosa.
Mi teoría se vio refutada rápidamente cuando apartó la cara de mi cuello y dirigió sus verdes ojos hacia los míos.
–Te amo más de lo que te podés imaginar.
Luego de eso, sin darme tiempo a responder, me besó. Sus labios eran cómodos y se acoplaban con los míos perfectamente.
–Yo también Finnick. –dije cuando nos separamos, acomodándome en su pecho.
Así es como empezó mi historia con Finnick. A partir de ese día dejó de ser mi amigo y pasó a ser mi novio.
–Quedate, por favor. –le pedí
–¿Por qué?
–Porque me gustaría que pases la noche conmigo.
Ese día está lleno de aniversarios. El primero, mi victoria en los Juegos. El segundo, mi noviazgo con Finnick. El tercero, la primera vez que pasé la noche con él.
Durante esos años, descubrí cosas sobre Finnick que nunca creí posibles. Sabía que era admirado en el Capitolio por su belleza y por ser uno de los más jóvenes en ganar, pero nunca creí que todo eso tendría un alto precio por el cual pagar.
–Annie, ¿puedo confesarte algo? –dijo mientras veíamos el atardecer en la playa.
Luego de eso, me contó cómo el Capitolio lo utilizaba y vendía su cuerpo a cambio de secretos, y que por miedo nunca había confesado.

Cinco años pasaron del día de mis Juegos. Dolía ver año a año a los jóvenes en la cosecha. Durante esos días, Finnick y Mags se iban a hacer su trabajo como mentores con los tributos de nuestro distrito. Ese año era especial. Septuagésimo quintos juegos del hambre, lo que significaba un nuevo Vasallaje de los Veinticinco. Temía por lo que el Capitolio tenía preparado. En el primero los habitantes de los distritos tuvieron que elegir a sus tributos, y en el segundo se eligieron cuatro tributos por distrito, dando como resultado cuarenta y ocho tributos. Este año, ¿quién sabía qué planes tenía el Capitolio?
El presidente Snow apareció en la pantalla anunciando que en este Vasallaje, todos los vencedores debían ser cosechados de nuevo. Luego de cinco años, volví a llorar desconsoladamente. Esta vez, por primera vez, volví a sentir lo mismo que sentí cuando vi que a James lo decapitaron; por primera vez, Finnick no pudo calmarme y evitar que tenga pesadillas.

Mi sueño, o pesadilla mejor dicho, consistía en un lugar similar a la arena de mis juegos, con la única diferencia de que Finnick estaba allí en lugar de James. Caminábamos de la mano como si estuviéramos en la playa de nuestro distrito. De la nada, aparece alguien y decapita a Finnick por la espalda, quien cae muerto al suelo instantáneamente. Luego, llega James, y une la cabeza de Finnick a su tronco, que se pega automáticamente; al instante Finnick se levanta, y mira a James sonriente y ambos se vuelven hacia mí y, con una sonrisa, me abrazan.
–Gracias por dedicarme tu triunfo, merecías seguir viva. Perdón por abandonarte de esa forma, pero tuve que irme.
–Gracias por estar siempre para mí, por tu amistad, por tu amor. Lástima que no pudimos formar una familia, ni casarnos, eso hubiese sido hermoso. Cuidate mucho, y no te rindas. No te vendas por miedo como hice yo. Te amo, Annie, nunca lo olvides. –me besó, y supe que era la última vez que lo haría.
Vuelven abrazarme y se alejan hablando entre ellos. James se da vuelta y me dedica una última sonrisa.
–No te preocupes, ahora es mi turno de cuidarlo. Cuidate.
Finnick volteó y también me dedicó una sonrisa, de esas que sólo él sabía dedicar, de esas sonrisas de costado que provocan que una se muera de amor.
–Te voy a vigilar desde allá arriba. No te portes mal. –guiñó el ojo.
–¡FINNICK! –-grité exaltada al despertar.
–¿Qué pasa Annie?
Al verlo al lado mío, lo primero que hice fue abrazarlo fuertemente. Las lágrimas salieron rápidamente y rodaron por su cuello.
–Ey, ya pasó, ya pasó. Todo está bien, no hay de qué preocuparse. Ya está. Yo estoy bien. Tranquila. Yo te protejo. Ya pasó.
Seguía llorando, pero estaba más tranquila. Finnick secó mis lágrimas mientras preguntaba por mi sueño. No le conté todo, solo dije que recordé mis juegos...

Llegó la cosecha. Estaba mucho más nerviosa que la primera vez.

–Annie Cresta.
Otra vez mi nombre. Otra vez yo era la elegida.
“Me ofrezco de voluntaria como tributo.” Comentó Mags con señas a mis espaldas.
Abracé a Mags casi al borde de las lágrimas. Luego nombraron a Finnick y mi mundo se derrumbó por completo.
Decirle adiós fue lo más doloroso que hice en estos últimos años. No dejaba de llorar.
–Annie, no es el fin. Todo va a estar bien, lo prometo.
Lo besé una última vez y lo despedí.

Mientras él estaba en los juegos, yo estaba nerviosa, intranquila. No me perdía nada de la transmisión. No dejaba de llorar.
Cuando Katniss destruyó la arena, me agarró pánico. La transmisión se cortó automáticamente. Eso fue lo último que supe de Finnick.
Fue solo cuestión de días hasta que llegó gente del Capitolio que me llevó por la fuerza. Fueron los peores días de mi vida; peores que los Juegos, peores que los días posteriores a los mismos, peores que los que había vivido sin Finnick.

–Sabemos que sabés algo de lo que está pasando... ¿qué sabés sobre los rebeldes? ¿Qué sabés de la rebelión? –exigieron saber a los gritos.
–Juro que no sé nada, en serio...
–¿Acaso no hablabas con Finnick Odair?
–Sí, es mi novio, pero ¿qué tiene que ver él con esto?
–Creemos que está involucrado en la misma.
–Yo no sé nada. Lo juro.
–¿Acaso el señor Odair tiene secretos para con su adorable y loca noviecita? –replicó con una sonrisa malévola

Así era todos los días. Torturada para dar una información que no sabía. Ni siquiera sabía que se había planeado una revolución, Finnick jamás lo había mencionado. Estaba en una habitación blanca, sola, sin ventanas, con una puerta y un reloj, a lo que se le suma que oía los gritos de los que, como yo, eran torturados... en eso consistía la tortura también. Golpes, gritos, electrochoques y lo más doloroso, los gritos del resto.
–¿Estás escuchando? ¿Esos gritos? ¿Sabés qué? Todo eso es tu culpa. Tú culpa. ¿Sabés por qué? Porque si vos hablaras a ellos los liberaríamos junto con vos. Pero te quedás callada, y ellos siguen sufriendo, sentite culpable. Esto es tú culpa. –dijeron infinidad de veces, a los gritos, hasta el cansancio.
Ya no quería escuchar nada, ni gritos, ni personas, nada. A veces deseaba haberme ahogado en los Juegos. Otras veces deseaba que me maten.
Un día se escucharon más pasos de lo normal. Por un minuto pensé que por fin me iban a matar por no ser útil. Al abrirse la puerta, busqué escondite en un rincón de la habitación, cerré los ojos y me tapé las orejas con las manos.
–¡Rápido! ¡Hay que moverse! ¡Rápido!
–¿Qué es esto? –Dije destapándome los oídos
–Es un equipo de rescate. Venga con nosotros, rápido, mientras la transportamos le explicaremos.
Los seguí, por los pasillos hasta un aerodeslizador similar a los usados por el Capitolio. Allí me explicaron que estaban en medio de una rebelión, que el Distrito 13 nunca dejó de existir y que estaba bajo tierra, y la mejor noticia que pude haber recibido, Finnick estaba bien.
Una vez en el Distrito 13 me llevaron directamente con Finnick. Lo abracé, había extrañado mucho el roce de su piel con la mía. Lo besé, ansiaba eso desde que se fue por el vasallaje. Me hizo realmente feliz verlo con vida.
–Finnick, ¿sabías algo de todo esto?
–Sí, lo sabía. Mags también, por eso se ofreció como voluntaria. Fue mi decisión no contarte. Tenía miedo que el Capitolio pudiera matarte por saberlo. No quise involucrarte. Perdón.
–Fue horrible –comencé a llorar en su cuello–. Los gritos, las amenazas, todo era mi culpa, electricidad, golpes, fue horrible.
–Ya pasó, ya pasó. Todo está bien, no hay de qué preocuparse. Ya está. Yo estoy bien. Tranquila. Yo te protejo. Ya pasó. Pensá en casa, el Distrito 4, en sus playas, en lo hermoso del atardecer cuando el sol besa el océano, en las eternas tardes de pesca, en lo bello de la madrugada cuando el sol asoma cerca de la aldea y en los anocheceres estrellados. Ya estamos a salvo.
Esas palabras me calmaron.
Durante las próximas semanas, cada vez que escuchaba gritos o ruidos, recordaba mi tortura y tapaba mis orejas. Cada vez que eso pasaba, Finnick me repetía lo mismo "Ya pasó, ya pasó. Todo está bien, no hay de qué preocuparse. Ya está. Yo estoy bien. Tranquila. Yo te protejo. Ya pasó. Pensá en casa, el Distrito 4, en sus playas, en lo hermoso del atardecer cuando el sol besa el océano, en las eternas tardes de pesca, en lo bello de la madrugada cuando el sol asoma cerca de la aldea y en los anocheceres estrellados. Ya estamos a salvo."
En cuestión de semanas, Finnick me había ofrecido casamiento. Acepté muy contenta.
–La vida me dio una segunda oportunidad para formar una familia. Y me alegra demasiado que sigas siendo vos esa opción. No hubiese sido tan feliz si no hubieras sido vos.
El casamiento fue organizado rápidamente, y al estilo típico del Distrito 4. Todos bailando, y pasando un hermoso momento. La torta era preciosa decorada con olas, delfines y plantas acuáticas. Cuando me enteré que la había hecho Peeta, fui directamente a agradecerle y felicitarlo por lo que hizo.
A medida que los días pasaban, Finnick y yo íbamos juntos a todas partes, no soltaba mi mano a menos que sea estrictamente necesario. Decía que ya me había perdido una vez, y no quería hacerlo de nuevo.
Los días que pasaban eran cada vez más duros. Estábamos en medio de una rebelión y Finnick quería participar. Yo estaba totalmente en contra, pero finalmente llegamos a un acuerdo, ambos participaríamos. Él calificó para el escuadrón principal y yo iba a ir más tarde, cuando todo esté casi terminado.
Semanas antes de que empiece el movimiento, me di cuenta de que estaba embarazada. No le dije a Finnick porque estaba convencida de que si se enteraba, iba a abandonar la misión, y yo lo veía tan feliz por eso que no quería obstaculizarlo.
Fue a la batalla y dejé de tener noticias de él, nuevamente.
Pasaron muchas semanas hasta que fui al Capitolio, y fue en ese momento en el que descubrí la peor noticia que existía en mi mundo. Finnick no estaba. Mi mundo se derrumbó.
Al otro día fui a hablar con Katniss, necesitaba respuestas.
–¿Qué pasó con Finn?
–Lamentablemente murió. –dijo con los ojos llorosos.
Empecé a llorar y la abracé.
–¿Cómo? –pregunté–. ¿Cómo murió?
–Estábamos en un túnel y unas mutaciones de lagarto aparecieron y tratamos de escapar, pero Finnick no lo consiguió, y lo decapitaron.
Si al ver que no estaba mi mundo se derrumbó, al saber cómo sucedió estaba completamente desarmada. ¿Cómo era posible que alguien con sus habilidades, que sobrevivió a dos Juegos del Hambre, haya muerto de esa forma?
El sueño que había tenido cuando se anunció el vasallaje volvió a mi mente. James y Finnick juntos, abrazados, diciéndome que me cuide y que me iban a cuidar desde allá arriba. Mi llanto fue más fuerte. Necesitaba tranquilizarme, pero él ya no estaba ahí para decirme "Ya pasó, ya pasó. Todo está bien, no hay de qué preocuparse. Ya está. Yo estoy bien. Tranquila. Yo te protejo. Ya pasó. Pensá en casa, el Distrito 4, en sus playas, en lo hermoso del atardecer cuando el sol besa el océano, en las eternas tardes de pesca, en lo bello de la madrugada cuando el sol asoma cerca de la aldea y en los anocheceres estrellados. Ya estamos a salvo.", no estaba ahí para calmarme.
Katniss fue conmigo a la cocina por un poco de agua, mientras yo seguía llorando.
–¿Pasa algo más? –quiso saber Katniss al verme tan desconsolada.
–Sí, estoy esperando un hijo de él, y no se lo había dicho.
–¿Por qué no lo hiciste?
–Porque temía que renuncie por ello. Ahora me arrepiento de haberlo hecho.
–¿Te espera alguien en tu casa?
–No. Finnick y Mags eran los únicos que tenía.
–Venite a nuestro Distrito. Así no te sentís sola. Y podríamos ayudarte con tu hijo, sola va a ser más dificil.
–Lo voy a pensar. Gracias.

Pasaron siete años de ese momento. Siete años de que nació nuestro hijo, Finnick. Siete años de que cambié de distrito. Lo que me mantiene en pie son los ojos verdes de nuestro hijo, que son iguales a los tuyos. Siete años, y aún contando, que te recuerdo y sueño con el día en el que me digan que es mentira que moriste, que te escabulliste y volviste a buscarme. Siete años extrañándote. Siete años sobreviendo. Siete años en los que cada vez que veo los ojos de nuestro hijo te veo a vos. Siete años en los que agradezco que nuestro hijo no vaya a pasar la misma situación que nosotros, que no sea cosechado.

Fin.


Espero que les haya gustado, como ya saben, los comentarios SIEMPRE se agradecen, ya sean positivos o negativos. Me gustaría dedicarme a esto en algún futuro, y los comentarios negativos me ayudarían a mejorar :) Ya saben, si lo usan den créditos :)

Un beso a todos y gracias por leer! Hasta la próxima entrada!

domingo, 24 de noviembre de 2013

"I'm gonna give all my secrets away"

Les traigo algo que es raro para mí... es algo que no creí que iba a hacer, pero vi en mi block de notas esto, decidí publicarlo.
*POR FAVOR, RESPETEN EL TRABAJO DURO QUE HICE PARA CREARLO Y SI LO USAN PARA ALGO, O USAN UNA FRASE, DEN CRÉDITOS, YA SEA CON EL LINK DE MI BLOG O CON MI TWITTER: @iGottaFlyAway DESDE YA LO AGRADEZCO*
Como dice el título de la publicación, mi historia se llama "I'm gonna give all my secrets away" el título se basa en esta cancón de One Republic.



Gracias a quién lo lea :)
P/D: Originalmente es una FanFic del cantante Conor Maynard. Así que si se me escapa algún Conor, o Maynard, o ____ sepan disculpar :3



I'm gonna give all my secrets away...



Estaba harta, siempre era la misma historia. No había lugar a cambio. Era una causa perdida.
Por meses traté de llamar su atención, nada era suficiente... era como si yo fuese realmente invisible.
Trataba de que Connor sepa de mi existencia, quería dejar de ser un fantasma para él.
Pero, claro, ¿cómo puedo pretender que el mismísimo Connor McBride le preste atención a una chica como yo?
Él se rodea de un grupo de gente distinto al mío, un grupo de gente el cual jamás se involucraría conmigo. Es como una regla implícita, los nerds con los nerds, los populares con los populares, los frikis con los frikis, y así sucesivamente...
Yo estaba entre los "invisibles", los que nadie nota, nadie excepto un "invisible"... me gusta denominarnos como fantasmas, le da un toque más gracioso al asunto.
Como mencionaba antes, yo era un fantasma, mientras que él estaba más cerca de los populares, supuestamente merece a alguien popular, no un fantasma.
Decidí observar bien la situación que me rodeaba. Estaba cansada de pasar al lado de él y tener que tragar mis palabras, morder mi lengua para que las palabras no escapen de mi boca. Observé parte de su viaje hacia su casa, el opuesto al mío.
Hoy todo cambia, intento salir de la capa de invisibilidad que me rodea. Tomo un pedazo de papel y garabateo, tratando de lograr una caligrafía legible:
"Necesito hablarte. Esperame a una cuadra del colegio, en dirección opuesta a la que vas generalmente. 
Firma: Una invisible.
P/D: si realmente te importa, esperame, yo voy a esperar a que todos se vayan para irme, así no te ven hablándome."
La deje en su casillero, con muy poca fe de que vaya a leerla y hacerle caso.
Finalizó el día escolar. Presté especial atención a la ruta que tomó, la que yo quería que él tome fue la escogida. Dejé que todos se fueran e inicié, muy nerviosa, mi viaje. Una cuadra más tarde lo intercepto.
-Connor, yo deje el mensaje. Muchas gracias por tomarte la molestia de esperarme. Soy...
-Hanna -me interrumpe-. ¿Todo bien?
No podía creer lo que escuchaba. Connor. Mi nombre. Connor. Su perfecta voz pronunció mi nombre. Yo existo en su cerebro. Él vive en el mío. Todo era raro. Recuerdo que hizo una pregunta, que por poco olvido responderle.
-Bien, ¿vos?
-Bien
Antes de que él diga algo más, decidí hablar.
-No quiero demorarte demasiado. Lo que tengo que decir es que me gustás, no puedo evitarlo, te veo y no reacciono, traté de que sea diferente, pero es inútil -suspiré-... listo, dije todo lo que tenía que decir, ya... ya podés irte.- empecé a caminar rápidamente con lágrimas en los ojos.
-¡Hanna! ¡Hanna! ¡Esperá!
Freno mi marcha y volteo. Se acerca a mí. Al llegar, me mira fijo a los ojos.
-No llores, por favor... se que pensás que sos invisible, pero no lo sos. Siempre odié ese supuesto código, uno está con quien quiere, sin importar el rango. No sos invisible, por suerte sos de carne y hueso, te puedo ver... siempre me pareciste muy linda, pero el tema este de los rangos, y que te vas para el otro lado, arruinan mis ideales... dejame acompañarte a tu casa, me encantaría hablar con vos...
Me tomó un tiempo terminar de digerir las palabras, mi cerebro se encontraba en la estratosfera en este momento, impidiéndome la velocidad para reaccionar y responder.
Acepto su propuesta, sería una estúpida si no la aceptara.
En el camino a casa, fuimos charlando. Cosas del colegio, cosas más personales, entre otras.
-Acá... acá, es mi casa -suspiré-. Gracias. -dije cabizbaja.
-Fue un gusto. ¿Te parece si salimos el viernes?
Otro shock mental. Si me había costado asimilar el hecho de que la persona que caminaba a mi lado era Connor, la situación actual me sería casi imposible de digerir.
-Claro, no creo que haya problema. - tartamudeé .
-¿Paso por acá a las 7:00 y vamos al parque?
-Dale...
-Fue un gusto haberte acompañado, nos vemos cuando quieras...
-Gracias por acompañarme, y hacer caso a la nota... realmente pensé que ibas a hacer caso omiso a lo que escribí...
Lo saludé antes de entrar a casa. Como era costumbre mía, le puse mi mano en el hombro. Lo que no esperaba era que él deposite su mano en mi cintura. Y cuando pensé que iba a rozar su mejilla como en cualquier saludo, me encuentro con sus labios sobre mi mejilla.
-Cuidate. Nos vemos.
-Igualmente.
Una vez dentro de mi casa, largué un grito de emoción. Agradecí infinitamente la soledad que mi casa me brindaba en ese momento.
Luego de ese día, y por algunos meses, nos hablábamos por Facebook, mensajes de texto y WhatsApp, y nos veíamos cada tanto. Ese era un punto a favor y uno en contra; a favor porque había mas confianza, éramos amigos, y ya no era un fantasma de forma completa para él; en contra porque cada vez era más difícil olvidarlo y más fácil amarlo.
Un día me llama a mi casa.
-¿El viernes puedo pasar por tu casa y llevarte al cine y a cenar?
-¡Claro! ¿A qué hora?
-A las 6:30, 7:00 ¿qué pensás?
-Dale.
La llamada fue un lunes, esperar al viernes fue una tortura...
Luego de una espera que se me hizo eterna, por fin era viernes. Cerca del mediodía recibo un mensaje de Connor.
"Ya quiero que sean las 7:00. Espero que no lo hayas olvidado..."
Le respondí temblando un poco por la emoción.
"No lo olvidé, estoy contando las horas"
Eran las 6:30 y ya estaba lista. No quería demorar tanto.
A las 7:00 ya nos estábamos yendo.
En el cine me había abrazado, y compartíamos miradas cómplices. Luego, durante la cena, lo noté tenso. La cena fue en un McDonalds. Mientras volvíamos a mi casa, empezó a hablar.
-Cuando hablamos la primera vez no pensé que íbamos a llegar a este punto. Nunca pensé que la de la nota eras vos. Pero mucho menos pensé en que ibas a ser tan importante para mi. Empecé a conocerte y empecé a darme cuenta de que sos perfecta, que sos exactamente lo que yo necesito, lo que yo busco. No me queda mas que decir que te amo, que desde que te empecé a conocer me empezaste a enamorar, y lo conseguiste, lo supiste conseguir.
Yo no podía creer lo que me decía. Mientras decía eso no sacó sus ojos de los míos, y yo no podía reaccionar. ¿Había dicho que me ama? ¿O es sólo mi mente jugándome una mala pasada?
Se acercó más a mí, elevando mi cabeza, provocando que lo vuelva a mirar a los ojos.
-Por favor, decime que no llegué tarde y que todavía sentís lo mismo que hace unos meses. Me dolería demasiado haber llegado tarde.
-Connor, el único efecto que tuvo hablar con vos, fue impedirme olvidarte.
No me dejó terminar de hablar. Antes de poder seguir hablando, la escasa distancia que nos separaba se volvió nula. Sus labios chocaron con los míos, terminando con las pocas neuronas activas del momento. El beso fue inesperado, tierno, mágico.
-Te amo -susurró-. Más de lo que creía. ¿Querés ser mi novia?
-No lo sé, Connor. No es que no quiera, sólo que somos de diferentes mundos... soy un fantasma, una invisible... y vos cada día estás más cerca de ser popular... no creo que debamos salir.
Bajé mi cabeza, tratando de esconder mis lágrimas. Connor la eleva y me mira directo a los ojos.
-No llores -dijo limpiando mis lágrimas-, no llores. Tendría que haber una solución. No es muy lógico que dos personas que se aman no puedan estar juntas.
-Parece la historia de Romeo y Julieta... -dije sin pensarlo.
-¿Qué te parece si salimos como hasta ahora, en secreto?
Me quedé en silencio... no me esperaba esa posible solución.
-Si, lo sé, es una propuesta estúpida... -se lamentó
-No, para nada... es una buena propuesta.
-¿Segura? -suspiró.
-Como que mi nombre es Hanna.
Me volvió a besar. Lo volví a ver a los ojos, era feliz, se le notaba...

Esa fue tal vez la peor decisión que alguna vez tomé. No, tal vez la menos correcta. O la más torpe. Quizás la más precipitada. No sé cómo se define esto, sólo sé que de repente estoy tirada en mi cama, mirando el techo... o tratando de verlo, ya que no veo nada debido a mis lágrimas.
Lloraba por Connor, por mí, por mi decisión, por todo...
Habían pasado tres hermosos meses con él. Yo lo amaba, aún lo amo, pero no se si debamos seguir... no de este modo...
Adoro verlo cuando ya terminaron las clases, pero cuando lo cruzo en el colegio es como si todo lo que pasa entre nosotros fuese un producto de mi imaginación o un simple sueño. Sé que se supone que así es como debe ser. Él entre los populares, yo entre los invisibles...
Nunca ser "invisible" había sido tan triste para mí. Me agradaba, pero en este momento desearía que no existiesen esas divisiones... ¿por qué maldito motivo si yo lo amo y él me ama no podemos estar juntos frente a todo el mundo? Éste es el precio que decidí, inconscientemente, pagar. Un secreto guardado bajo siete llaves, un dolor profundo en mi corazón.
Éstos son los momentos en los que amaría salir a la calle y gritárselo al mundo entero, pero sé que no debo, sé que no es lo acordado, sé que ya no sería secreto.
Me toma más de un minuto acomodar mis ideas. Quiero encontrarme con él, quiero verlo, necesito verlo, necesito hablarle. Al principio preferí mandarle un mensaje de texto, sólo para que no note que estoy llorando, pero finalmente lo llamo.


  (Escuchenla mientras leen el final)

-¿Hola? -contestó dubitativo.
-Connor, soy yo, Hanna -respondí tratando de sonar calmada-, ¿todo bien?
-Sí, ¿vos? -preguntó tiernamente. Conociéndolo, seguramente, estaba sonriendo.
-Sí, todo bien... -traté de sonar convincente, pero un pequeño suspiro se escapa.
-¿Estás segura? No suena así...
-Connor, ¿nos podemos ver ahora?
-Ehm, sí, no hay drama... ¿pasó algo?
-Preferiría no hablarlo por teléfono.
-Bueno, en cinco minutos salgo, calculale que en media hora estoy allá...
-Dale, nos vemos.
-Nos vemos.
Termino la llamada, y me recuesto en la cama, sólo para seguir llorando, involuntariamente, pero llorando en fin.
Para el momento en el que sonó el timbre de mi casa, yo ya me había despegado de mi cama, y me lavé la cara. No obstante, mis ojos aún estaban rojos por todo el tiempo que había llorado.
La primer reacción de Connor al ingresar fue abrazarme, notó que había estado llorando y trataba de calmarme en susurros.
-Todo está bien, ya estoy acá, podés decirme lo que tenías que decirme, no te preocupes...
-Pero es algo de qué preocuparse... por más que no lo parezca en este mismo momento.
Nos guío hasta el living y nos sentamos en el sofá.
-Mirá, Connor, voy a ser lo más sincera que puedo, y espero no lastimarte. Hay un problema en nuestra relación, ya, ya no puedo aguantarlo más... o sea, no es que no te ame, de hecho, estoy muy segura de eso, es sólo que no se qué creer. Sé que la idea de que estemos en secreto empezó por mí, por algo que yo dije, pero ya no lo puedo soportar más. Vos no te imaginas lo que me duele verte todos los días en el colegio y no poder saludarte ni nada... la forma en la que me mirás me hace acordar al momento previo a dejarte la nota... no sé si me explico bien. Sólo quiero que... -me interrumpe.
-¿Eso significa que no querés que sigamos estando? -su rostro se entristeció.
-Nunca dije que quería eso, pero si eso es lo que vos querés hacer o es lo que creés correcto, yo doy un paso al costado, me abro del camino.
-Pero, ¿por qué?
-Mirá, cuando nos encontramos los fines de semana o después del colegio, yo siento que querés estar conmigo, que me querés, lo noto en tus ojos; pero, en cambio, cuando estamos en el colegio, casi ni me mirás, no hablamos, no hacemos nada... y yo ya no quiero ese jueguito... yo no estoy sentimentalmente preparada para estas cosas... tal vez si no hubiera dejado esa nota, en este momento no estaría llorando.
-¿Estás diciendo que te arrepentís de haber dejado la nota? -dijo algo enfadado
-No, para nada. Sólo sé que no tendría este problema de no saber qué hacer. Connor, ¿algún amigo tuyo sabe que estamos juntos?
-No, por eso es secreto. Se supone que nadie lo sabe...
-Una amiga mía sí lo sabe -dije sin pensarlo. Él me miró como desilusionado-... ella es como mi hermana, no puedo ocultarle eso. Salgo todo el tiempo con ella, y si de repente no tengo más tiempo sería raro...
-Lo entiendo, creo que lo entiendo... sólo querés demostrarle al mundo que estás con alguien que se supone que es importante...
-No, Connor. Estoy hablando en serio cuando digo que me duele esta situación, ¿en serio crees que puedo ser tan superficial, de que eso es lo que me importa? ¿Los rangos? Los rangos no me modifican en nada, sólo me impiden ciertas cosas, y yo ya estoy harta de tener que fingir que estamos perfectamente bien, como si estuviéramos en un cuento de hadas -hice una breve pausa-. Al final esto es como Romeo y Julieta, se aman en secreto, se odian en publico, pero sufren...
-Pero lo de Romeo y Julieta debió haber sido peor. -trató de bromear para que yo no llore.
-Sí, eso es obvio. Connor, lo que yo quiero es que pienses en qué es lo que querés que hagamos con lo nuestro; tenés todo el fin de semana para pensarlo... no quiero que me llames, o me mandes mensajes, quiero que pienses bien en todo...
-¿Y vos qué? ¿No vas a hacer nada? Éstas son decisiones que se toman de a dos, no individualmente.
-Yo me voy a adaptar a lo que vos decidas.
-¿Por qué?
-Porque la única vez que tomé una decisión o di una idea, terminé sufriendo y deseando que todo sea diferente.
-O sea que... ¿te arrepentís de lo nuestro? -dijo trabándose antes de cada palabra, con dolor en sus ojos.
-¡No! -grité-... no es lo que quise decir -suspiré-. Cada momento que pasé con vos fue único, mágico, estaría loca si me arrepintiese de todo eso, sólo me arrepiento de mi primer idea...
-¿Te arrepentís de haber dejado la nota en mi casillero?
-En parte. Cuando la dejé, estaba casi segura de que ibas a ignorarla. Jamás me imaginé esto.
-¿Por qué?
-Por el tema de los rangos. Firmé la nota diciendo que era una invisible, y vos siendo popular, no creí que te vayas a tomar el tiempo para alguien como yo. Te prejuzgué, y me equivoqué...-baje mi cabeza, casi al punto de ruborizarme.
Elevó mi cabeza y me miró fijo a los ojos.
-Hanna era lo más lógico pensar eso... no te voy a culpar.
-Connor, por favor, aprovechá este fin de semana para pensar en lo nuestro... no hagas nada que te permita contactarme...
-Entonces, eso es lo que querés, que yo decida... está bien. El fin de semana me dedico a pensar... el Lunes nos vemos en la plaza a la hora de siempre...
-Nos vemos el Lunes.
Lo guié hacia la puerta, lo despedí, y una vez que se fue, cerré la puerta, pegué mi espalda a ella, y me dejé caer al piso, llorando. Estaba acumulando lágrimas hacía bastante, y salieron todas juntas cuando quedé sola.
Mi fin de semana se había hecho monótono. Me la había pasado encerrada en mi habitación encerrada llorando. No sé de dónde salieron tántas lágrimas, sólo sé que fueron las suficientes para durar cerca de 48hs.
Lunes. Colegio. Ver nuevamente a Connor. Tortura. Sufrimiento. Diferentes palabras, mismo sentimiento: Tristeza. Al llegar al colegio, no lo vi, y pensé que no había ido. Una parte en mí le quería gritar "Cobarde" en la cara, y la otra estaba feliz por el simple hecho de no tener que verlo.
La mayor sorpresa de ese Lunes llegó en la hora del almuerzo, con todo el colegio, o casi todo, presente. Estaba sentada con mis amigos, conversando, tratando de no pensar en Connor. De repente, aparece en la cafetería, y acá ocurrió lo más raro, lo más impensable.
Al lograr divisarme entre la gente, se dirigió hacia donde yo estaba sentada, y frente a todos los presentes, me miró, se agachó a mi lado, para quedar a mi altura, y luego, me besó.
-Te amo demasiado como para dejar que los malditos rangos interfieran en lo que siento por vos y lo que tenemos hace tres meses. Te amo.
Me volvió a besar.
Suena el timbre, indicando el final de la hora de almuerzo. Connor me tiende la mano y ayuda a que me pare.
-Lo de hoy a la tarde sigue en pie -susurró en mi oído -. Que no se te olvide...-guiñó su ojo.
Fuimos de la mano hacia las aulas. Por primera vez, en tres meses de noviazgo con Connor, me siento completamente amada por mi novio.

Fin...



Espero que les haya gustado, comenten que piensan de mi forma de escribir, de la historia... Den una opinión, corrijan errores de ortografía y/o gramática...
Esto es algo que podría llegar a pasar cada tanto, así que, si quieren más avisen, y si no les gusta, no hago más... :) que tengan una hermosa semana ♥

Besos!!! :D